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Bound - Tort-The Chaos Quartet - Mur - Four - Crush Crease - Fútil

Crítica: Bound

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Intensa abstracción

Fue una velada de danza y música en directo; la parte de movimiento corría a cargo de Thomas Noone Dance y la musical era responsabilidad de The Mal’Akh Ensemble, el nuevo grupo de un habitual colaborador de Noone, el compositor Felipe Pérez Santiago. Dos piezas de danza encerraban el miniconcierto en el que se interpretaban los temas Miuk, Hunger FM y Organik. La primera coreografía, Tact, era un paso a dos que forma parte del espectáculo Four, coproducción del festival Grec 07, que se rescató para este nuevo programa. Thomas Noone y Nuria Martínez parece que juegan a probar las posibilidades elásticas del rostro y, por extensión, del resto del cuerpo. Nos adentran a través de un diálogo muy físico en un mundo de fragilidad y vulnerabilidad. Una danza formulada sobre el contacto improvisado, de búsqueda corporal y de impecable base técnica, sostiene quince minutos de movimiento en estado puro, sello propio del coreógrafo.

Tact fue un regalo para los sentidos y las emociones. Bound es una de esas creaciones de donde el espectador sale agotado, extasiado de tanta intensidad. El ritmo de la coreografía hace vibrar el patio de butacas, verdadera pulsión orgánica. Cinco intérpretes defienden genialmente una pieza de danza vital, animal, en la que los pasos a dos se suceden y entremezclan bajo un verdadero dominio del contratiempo con los tríos o la unión del grupo entero. Entran, salen, se tocan, se lanzan unos contra otros dibujando impecables diagonales que rompen algunas líneas corporales avanzando hacia una visión soberana y autónoma del cuerpo.

En Bound, Thomas Noone investiga sobre la paradoja que existe entre control y libertad, de cómo el dominio y la disciplina musical y técnica pueden llevar a la liberación interpretativa. Una reflexión que sin más dramaturgia ni herramientas que las posibilidades de los cuerpos le ocupa treinta intensos minutos donde elocuentes frases coreográficas no dejan de transcurrir en la dimensión de la escena, bien jugada con unos paneles blancos alineados con algo de separación y que actúan de improvisadas bambalinas en un caso, y en otro distinguen el escenario en dos planos, el del movimiento y el musical. Un recurso escenográfico tan sencillo como pertinente. Una vez más, y van 12, Thomas Noone deja patente su rico y potente imaginario creativo.

Cristina Soler, D de Danza.


 

 

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